lunes, 9 de enero de 2006

La primera de las bacheleteadas


Se asustó la candidata. Parece que ir a una segunda vuelta no le gustó nada. Ahora, sacó las garras y adoptó un "estilo confrontacional" que no le queda bien.

A la doctora se le ocurrió insinuar, sin mucha fineza, que la candidatura de Piñera pagaba las cuentas- y quien sabe que más- a quienes comprometan su voto en enero.

Fue una acusación grave. Después aseguró que eran prácticas típicas de la derecha y que el dinero no cambiaría la voluntad popular. Hace meses, a ella se le trató de ligar con el FPMR y el secuestro de un vástago de Edwars. Ella se indignó, y con razón. No había antecendetes que sustentaran la relación.

Lo mínimo cuando uno hace acusaciones, sobretodo si son graves es que estas vengan acompañadas de pruebas. El affaire de Gema Bueno enseñó una poderosa lección a la mayoría de los chilenos.

Pero no a Bachelet.

Al parecer la ex ministra no pensó bien sus palabras. Se le pidieron antecedentes y respondió en su dubitativo y entrecortado estilo que no tenía el permiso de los supuestos favorecidos con la promoción aliancista.

Más tarde, dijo que no había dicho lo que dijo. Que se refería a estilo de la derecha, y que no había mencionado particularmente a Piñera. En buen chileno, se "achaplinó".

Por su parte, Piñera acusó guerra sucia. Y el hombre sabe de estas cosas. El Piñeragate, sus misteriosamente depuestas postulaciones tanto al senado como a la presidencia lo han curtido a la hora de enfrentar este tipo de operaciones.

El contrataque fue efectivo: primero se victimizó acusando guerra sucia, irresponsabilidad en la denuncia para luego emplazar la entrega de antecedentes que la sustenten.

Esa fue su racción inmediata.

En la tarde respondió a la "achaplinada": Piñera dijo que si en la campaña se desdecia tan olímpicamente, a la hora de la presidencia no podría aguantar mayores presiones. Otro punto para el líder opositor.

Concluyendo, la irresponsable denuncia de Bachelet le dió la oportunidad a Piñera de atacarla donde más le duele: su capacidad de liderazgo, la seguridad que infunde y el carácter.

La doctora se mando un tremendo autogol, ¿Será el primero de muchos?

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