lunes, 6 de marzo de 2006

Los mejores y los peores




Es un artículo largo... pero vale la pena. Lo copié completo porque después de un tiempo en El Mercurio on line no se pueden ver las ediciones anteriores.

Fuente: Diario El Mercurio.

Domingo 5 de marzo de 2006

ESTUDIO
Expertos votan por los mejores presidentes de Chile de los siglos XX y XXI:
Los mejores y los peores

La muñeca política y el buen manejo de la economía fueron determinantes para que Ricardo Lagos, Patricio Aylwin y Arturo Alessandri fueran elegidos por 20 historiadores, cientistas políticos, abogados y economistas como los jefes de Estado de mejor desempeño en las últimas décadas.


LAURA GARZÓN ORTIZ

Alta tiene la vara Michelle Bachelet. El próximo sábado 11 cuando llegue a La Moneda no sólo deberá demostrar que una mujer "se la puede" para conducir el país, sino que tendrá la presión de hacer una buena labor para no deslucir frente a los anteriores jefes de Estado de la Concertación.

En la víspera de que Bachelet se ciña la banda tricolor, "Enfoques" hizo un sondeo para evaluar la gestión de sus antecesores. El estudio, de carácter exploratorio, consultó a 20 historiadores, cientistas políticos, economistas y abogados, quienes juzgaron la gestión económica, política y social de los 27 mandatarios que ha tenido el país en los siglos XX y XXI.

Las mejores notas se las llevaron Ricardo Lagos y Patricio Aylwin. Con una escala de 1 a 5 -donde 1 "es muy malo" y 5, "muy bueno"-, el actual Primer Mandatario logró un promedio de 4,3 y el patriarca de la Democracia Cristiana un 4,2.

Los siguieron Arturo Alessandri Palma (3,8), Eduardo Frei Montalva (3,6) y Pedro Aguirre Cerda (3,6). "Algunos ya califican en la categoría de íconos, porque no sólo son admirados por sus partidarios, sino que gran parte de la población se identifica con sus legados, algo similar al efecto que causa Balmaceda en el siglo XIX", destaca Alejandro San Francisco, historiador de la Universidad Católica.

Los tres, según los encuestados, pasarán a la historia por haber encabezado grandes transformaciones: Lagos la de profundizar el modelo económico y modernizando la infraestructura del país; Aylwin por haber liderado el retorno a la democracia y Alessandri Palma dando estabilidad política y económica, después de la anarquía y la debacle post Gran Depresión.

Determinantes, para ubicarse en el grupo de los top five, fueron la muñeca política de estos gobernantes, el desempeño económico y las reformas que se emprendieron durante sus gobiernos, factores que en los tiempos que corren son decisivos para juzgar a los habitantes de La Moneda.

"Antes, lo que se les pedía a los presidentes -explica San Francisco- era que garantizaran las libertades políticas, pero ahora pesa la gestión económica y por eso la valoración de los gobiernos post 1973 es mejor, porque Chile encontró un modelo exitoso que le permitió crecer".

Coincide el economista Rolf Lüders, quien explica que el alto promedio que sacan Aylwin y Lagos obedece a que "tuvieron gran claridad con respecto a las prioridades país y lograron apoyo ciudadano para sus políticas; además, sus administraciones coincidieron con períodos de alto crecimiento económico".

En el otro extremo, los presidentes que quedaron en deuda fueron justamente aquellos cuyos períodos culminaron con crisis políticas o que tuvieron un manejo deficiente de las finanzas.

La figura de Augusto Pinochet se ubicó en la medianía de la lista evaluada, con una nota 3,1.

Los tres de la fama

Ricardo Lagos, el primer Mandatario de izquierda desde Allende se ubicó en lo más alto del podio. Los consultados por "Enfoques" coincidieron en destacar su capacidad de capitalizar muchos de los cambios económicos y sociales que inició Eduardo Frei Ruiz-Tagle, quien a diferencia de sus otros "colegas" fue el peor evaluado de los concertacionistas, con un 3,4.

"Frei sienta las bases de los tratados de libre comercio, dinamiza las concesiones, las reformas procesal penal y laboral, pero es Lagos quien los finiquita, además de avanzar en otros como el Plan Auge", destaca Guillermo Holzmann, director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Chile.

Ni el escándalo desatado por el caso MOP-Gate empaña la buena evaluación que se hace del actual Jefe de Estado, que terminará su mandato con un apoyo popular cercano al 60%.

"Lagos es un fenómeno similar al de Mitterrand en Francia, quien enfrentó una situación de desfalco, pero igual ganó la reelección. En el caso de Lagos, se le reconoce su peso de estadista y esto tiende a matizar o a anular errores que no son propios de él, sino que son imputables a su gobierno o a ministros específicos, y que hace que termine dotado de una especie de carta blanca", dice Alfredo Joignant, sociólogo del Departamento de Ciencia Política de la Universidad de Chile.

Además, lo acompañó la suerte, con un precio del cobre récord que permitió al país recuperar el dinamismo económico, un factor no menor y que pesó a la hora de ubicarse entre los presidentes con más rating entre los especialistas.

Pisándole los talones a Lagos quedó Patricio Aylwin. El papel que jugó al conducir el país en el retorno a la democracia, tras 17 años de régimen militar, es lo que más se valora de su cometido.

"Aylwin -señala Joignant- es el Jefe de Estado de un momento histórico muy álgido: la transición. Navegó con éxito a lo largo de un trecho muy difícil, con Pinochet de comandante en jefe del Ejército".

Su gestión no será recordada por grandes transformaciones económicas -de hecho, lo más relevante fue haber sacado la primera reforma tributaria-, porque su foco fue la estabilidad política. "Administró mucho -agrega Joignant- de lo que venía del gobierno militar".

Y si de líderes carismáticos se trata, Arturo Alessandri Palma también se ganó un lugar en el podio de los mandatarios de mejor gestión.

Aunque en su primer período (1920-1925) obtiene más aplausos entre los expertos, con un promedio de 3,8. En su segunda entrada a La Moneda (1932-1938) tampoco sale mal parado: 3,6.

El principal mérito que se destaca del mítico "León de Tarapacá" es el de haber llevado a la clase media al poder.

"El imaginario popular tiene la idea de que Alessandri democratizó la política al hacer una democracia de masas, semi caudillista, incorporando a la gente en su discurso, con frases célebres como 'mi querida chusma'. Eso lo hizo muy cercano", recuerda San Francisco.

Más allá de su poder mediático, logró aplicar la Constitución de 1925, dando estabilidad política y dejando atrás un período caracterizado por una seguidilla de golpes de Estado.

En lo económico, en su primer gobierno crea el Banco Central y dicta una serie de leyes sociales.

En su segundo mandato, su labor apuntó a sacar a Chile de la crisis económica. Cuando asumió, el PIB anotaba una caída de 15,5%. "Alessandri intuyó que el país requería de cambios institucionales y los implementó durante su primer gobierno. Después de la Gran Depresión se abocó a la reconstrucción económica del país con la ayuda de su hábil ministro de Hacienda, Agustín Ross", agrega Lüders.

El premio a los "educadores"

Si hay algo en común entre Eduardo Frei Montalva y Pedro Aguirre Cerda, que quedaron empatados en cuarto lugar -con nota 3,7-, es el énfasis que pusieron en la educación.

El fundador de la Democracia Cristiana hizo cambios profundos. "Los estudiantes secundarios se triplicaron, los universitarios aumentaron en cinco veces y los primarios se duplicaron. Además, creó la educación parvularia, que permitió que más mujeres salieran a trabajar", destaca Cristián Gazmuri, historiador de la Universidad Católica.

Un camino que recorrió tres décadas antes el radical Pedro Aguirre Cerda, cuyo eslogan de campaña fue "gobernar es educar". Y lo cumplió: en sus tres años al mando, se crearon más de mil escuelas de enseñanza primaria; impulsó la educación técnica; y la Universidad de Chile extendió por el país.

Pero ambos también marcaron un sello en lo económico. Frei Montalva -aunque su período no fue brillante con un crecimiento promedio que bordeó el 3,8%- quedará en la historia por iniciar procesos claves como la reforma agraria y la chilenización del cobre. También preocupado de impulsar la industrialización, Aguirre Cerda creó la Corporación de Fomento de la Producción (Corfo).

Promedio rojo

Con más pena que gloria se inscribieron en la historia, presidentes como Carlos Dávila (junio de 1932 a julio de 1932) y Luis Altamirano (septiembre de 1924 a enero de 1925), ambos representantes de períodos de anarquía política.

La evaluación no sólo los castiga por lo poco que hicieron en sus breves períodos. "Son personajes que surgen de las circunstancias. Sin embargo, son mal calificados porque interrumpen períodos democráticos", opina Holzmann.

Dávila se llevó el triste premio de ser el último del "curso", con una nota 1,9; mientras que el general Altamirano se ubicó cuarto con un 2,3.

La gestión de Salvador Allende superó apenas por dos décimas la de Dávila, calificándola los expertos con sólo un 2,1.

Dos puntos fueron claves en el balance final: la debacle económica que se produjo en los tres años de gobierno del médico socialista -en 1973 el PIB había caído 5,3% y la tasa de inflación superaba el 500%-, y la profunda ideologización política que finalmente terminó en el golpe militar.

"No tuvo control de los partidos que lo apoyaban, se profundizó la violencia política y social. En lo económico su programa era utópico e impracticable. Sí su figura generó mucho prestigio internacional porque era la posibilidad para el marxismo de legitimarse, llegando al poder en forma democrática", afirma Gazmuri.

Para el sociólogo Manuel Antonio Garretón el proyecto de la Unidad Popular era fundamental para el país, pero se frustró por la fuerte oposición que hizo Estados Unidos.

"Pero la nacionalización del cobre se hizo por unanimidad, es lo único que quedó de la obra de ese gobierno e incluso la dictadura no pudo cambiarla", rescata.

Sí reconoce que "hubo muchos errores en la conducción que tuvieron que ver con no haber entendido que para hacer grandes transformaciones, se necesitaba mayoría política".

También las opiniones recogidas, reprobaron la administración del general Carlos Ibáñez del Campo en su segundo período en La Moneda (1952-1958), pese a que en el primero (1927-1931) se ubicó entre los 8 con más alta calificación.

¿Por qué la dicotomía? Para Lüders la explicación es bien simple: a los gobiernos se les juzga por lo realizado y no por las intenciones de sus gobernantes.

"La evaluación del primer mandato de Ibáñez -detalla- es más bien buena, a pesar de su autoritarismo porque se valoraron los cambios institucionales que impulsó y las grandes obras públicas realizadas. Su segundo período, en cambio, se caracterizó por su ineficacia en prácticamente todo orden de cosas".

Por muy poco, el breve período del radical Juan Esteban Montero (1931-1932) superó al de Ibáñez -a quien sucedió en La Moneda-, al anotar un promedio de 2,4.

Este abogado no pudo lidiar con un país sumergido en el caos por la crisis económica que se arrastraba desde 1929, caracterizado por un alto desempleo, paralización de la industria salitrera y una deuda externa casi inmanejable. Igual que Ibáñez, Montero tuvo que dejar su cargo.

Los evaluadores

Cristóbal Aninat, académico de la Escuela de Gobierno de la U. Adolfo Ibáñez.

César Barros, economista, magíster en Economía Agraria de la U. Católica.

Enrique Barros Bourie, abogado, académico de doctorado de la Facultad de Derecho de la U. de Chile, secretario del Centro de Estudios Públicos.

Joaquín Fermandois, jefe del Departamento Historia Universal del Instituto de Historia de la U. Católica.

Manuel Antonio Garretón, sociológo, académico de la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile.

Cristián Gazmuri, académico del Instituto de Historia de la U. Católica.

Luis Óscar Herrera Larraín, abogado, profesor de la Facultad de Derecho de la U. Católica.

Guillermo Holzmann, director del Departamento de Ciencia Política del Instituto de Asuntos Públicos U. de Chile.

Alfredo Jocelyn-Holt, historiador y académico.

Alfredo Joignant, profesor asociado del Departamento de Ciencias Políticas de la U. de Chile.

Enrique López Bourasseau, abogado, decano de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la U. del Desarrollo.

Rolf Lüders, economista, profesor del Instituto de Economía de la U. Católica.

René Millar, académico del Instituto de Historia de la U. Católica.

Álvaro Muñoz Ravera, profesor de historia en las Facultades de Humanidades y Periodismo de la U. del Desarrollo

Patricio Navia, profesor asistente del Centro de Estudios Latinoamericanos de la U. de Nueva York y de ciencia política del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad Diego Portales.

Julio Retamal Ávila, historiador, académico de la Facultad de Humanidades de la U. Andrés Bello.

Gonzalo Rojas Sánchez, académico del Departamento de Historia del Derecho de la Facultad de Derecho de la U. Católica.

Augusto Salinas Araya, doctor en Historia, profesor del Departamento de Historia de la U. del Desarrollo.

Alejandro San Francisco, profesor del Instituto de Historia de la U. Católica.

Fernando Wilson, profesor de la Facultad de Humanidades de la U. Adolfo Ibáñez.


3 comentarios:

Roberto Cox dijo...

Acotemos, acotemos, POR FAVOR!!!

No tienes un post más largo??

SALUDOS!!

Interiorbruto dijo...

Acojo tu observación, pero no puedo dejar de reparar que en el PRIMER PARRAFO del post se anuncia y justifica el largo del Artículo. Me parece lo interesante del artículo amerita darse cinco minutos....

Saludos a ti también.

VINCULOS dijo...

Escribe algo tuyo socio!!