lunes, 2 de abril de 2007

No lo digo yo II

Artículo de revista británica "The Economist":

Bachelet trata de nuevo

Llegó a su cargo hace un año en una cálida burbuja de popularidad. Pero no mucho ha andado bien para Michelle Bachelet, una socialista que es la primera mujer Presidenta de Chile. Sus dificultades comenzaron con una ola de inesperadas y multitudinarias protestas de escolares. A esto se sumó un menor crecimiento económico, el que bajó desde 5,7% el 2005 a un 4% el año pasado, lo que algunos chilenos interpretan como un reflejo de la ausencia de confianza en el Gobierno. Y culminaron en un fallido nuevo sistema de transporte en Santiago, la capital, que ha calentado los ánimos.

No todo esto es culpa de la Presidenta, pero sí ocurrió bajo su mirada. La cálida relación que Bachelet tuvo con los votantes la convirtió en un buen candidato para una campaña. Pero muchos políticos, y no sólo de la oposición sino que también de la coalición gobernante de centro izquierda llamada Concertación, han repetido en el último tiempo que ella carece de las habilidades para gobernar eficientemente. Esa percepción de la clase política ahora parece haberse expandido más allá. En un encuesta del mes de marzo, realizada por el periódico La Tercera, un 71% de quienes respondieron pensaban que la Presidenta tenía poca autoridad y un 61% dijo que no confiaban en su capacidad para manejar una crisis.

El 26 de marzo, Bachelet pidió perdón al público por los problemas de Transantiago, el nuevo sistema de transporte, y cambió su gabinete por segunda vez. ¿Pero conseguirá con eso lograr un giro? Los cambios han sido bienvenidos. El nuevo ministro de Transportes, René Cortázar, es un experimentado demócrata cristiano. Pero lograr organizar el Transantiago será de largo aliento, porque está limitado por una escasez de buses y rutas de micros, y el sistema de navegación satelital que se suponía controlaría los horarios de los buses no está funcionando.

El nuevo coordinador político, José Antonio Viera-Gallo, es un ex senador socialista con la experiencia política, los contactos y el peso intelectual que Bachelet carece. Algunos esperan que Viera-Gallo asuma de facto el rol de primer ministro.

El Gobierno puede mencionar algunos logros. Ha diseñado y enviado al Congreso una reforma para el sistema privado de pensiones, un tema importante y políticamente complejo. Ha abierto 800 nuevos centros de cuidado infantil y ha extendido un esquema de salud de bajo costo. Después de algunas dificultades iniciales, ha logrado sortear los problemas causados por el recorte de gas natural desde Argentina a Chile.

Pero Bachelet puede haber sobreestimado el apetito de los chilenos por el cambio. El Gobierno podría haber preparado mejor a la gente para el nuevo sistema de transporte, que no es tan malo como lo sugieren las protestas. Algunas de las críticas hacia la Presidenta pueden ser motivadas por el machismo, pero ella a cambio parece haberlo fomentado con algunos gestos políticos.

Ella heredó la coalición política más fuerte de América Latina, aún así prometió llegar más allá de las cabezas de los partidos y crear un "gobierno de ciudadanos". Al comienzo ella insistió en elegir un gabinete con igual número de hombres que de mujeres, eligiendo a los ministros sin tomar en cuenta sus habilidades políticas o su partido. Después de un año, la gente quiere resultados más que pura empatía y una sonrisa. Así lo admitió en una reciente entrevista de un periódico Jaime Ravinet, un líder demócrata cristiano.

Al menos este cambio de gabinete le da a la Presidenta la oportunidad de un nuevo comienzo. Si acaso aprovecha la oportunidad, es otro tema. Sus críticos en la Concertación dicen que ella no ha dejado que sus ministros gobiernen, confiando en vez en su hermético grupo de asesores personales sin grandes habilidades.

Su próximo desafío puede ser el orden público. El Gobierno les ha bajado el perfil a protestas sobre el Transantiago que en ocasiones han sido violentas. Los escolares y estudiantes siguen impacientes. Grupos de extrema izquierda han reaparecido, algunos de los cuales pueden estar armados.

Pero a pesar de los problemas, la economía se mantiene robusta. La democracia de Chile es estable y cada vez más vigorosa, y tomó la muerte de Augusto Pinochet, el ex dictador, sin sobresaltos. Pero al parecer los gobiernos anteriores de la Concertación no consideraron estas cosas como obvias.

1 comentario:

yo dijo...

bachelet no es socialista